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La pública griega cumple un año

HÉCTOR ESTEPA. Atenas (Elmundo.es) Es mediodía y el edificio de la radiotelevisión pública helena parece medio vacío. Apenas se escuchan voces y los pasillos están despejados. No ha sido siempre así. En la majestuosa sede ateniense trabajaban 2.600 personas hace un año. El 11 de junio de 2013 cambió la vida de todos ellos. Un comunicado del Gobierno anunció de forma súbita el cierre de la compañía, conocida como ERT, por motivos económicos, y todos sus empleados fueron despedidos.

Tan sólo unas 600 personas trabajan allí ahora. Son parte de Nerit, la cadena sustituta, y consideradas traidoras por parte de sus ex compañeros: “Es muy doloroso recordar aquellos días. Perdí a una amiga muy cercana porque veía las cosas diferentes“, lamenta Jrisa Ramelioti, empleada en Nerit.

Recuerda cómo caló el cerrojazo en Grecia: decenas de miles acudieron a la sede para protestar contra la clausura. El edificio fue ocupado por un grupo de trabajadores contrarios al decreto. No estaban dispuestos a marcharse y continuaron produciendo telediarios desde allí.

El cierre de los tres canales de televisión, las 19 radios locales y 5 nacionales, el coro y la orquesta de ERT, que costaban unos 300 millones de euros al año, casi supuso unas elecciones anticipadas cuando un partido decidió abandonar la coalición gubernamental.

El Ejecutivo reaccionó creando un canal provisional, conocido como DT, valiéndose de despedidos de ERT: “Todo hombre necesita trabajar para mantener a sus hijos y pagar facturas. Nada es seguro ahora en Grecia”, apunta Jrisa como motivo para aceptar la oferta del Gobierno.

La policía desalojó en noviembre a quienes ocupaban la sede de la TV pública y Nerit comenzó a emitir desde allí el pasado 4 de mayo. Emplea a unos 300 de los ex trabajadores de ERT con un contrato renovable de dos meses: “Dejé las protestas porque el Gobierno me hizo una buena oferta y no creía que ERT fuera a reabrir”, explica Odine Linardatou, jefa de la sección internacional. “En la vida pasan cosas malas pero debemos superarlas y hay que ir siempre por la vía legal”, elabora.

Tres euros al mes

Los griegos pagan tres euros al mes como impuesto para financiar Nerit. Antes pagaban 4,2 euros por ERT. El nuevo canal ha sido inaugurado con escasa programación original, aparte de los informativos y deportes. El resto de la parrilla suele consistir en películas griegas de los 50 y 60. Los telediarios han sido criticados por favorecer al Gobierno, algo negado por sus trabajadores: “Por primera vez somos completamente objetivos”, apunta Odine.

Otros compañeros sí admiten cierto control gubernamental, pero creen que sucedería lo mismo si gobernase la Izquierda Radical (Syriza), el principal partido de la oposición. Algunos acusan a quienes siguen organizando protestas contra el cierre de ERT de seguir directrices de esa agrupación.

La polémica ha acompañado a Nerit desde el inicio de sus emisiones. Su ex presidente, Yorgos Prokopakis, fue apartado de la cadena dos días después por desavenencias con el consejo supervisor. Se quejó de que algunos de los periodistas contratados por Nerit mediante oposición no habían cumplido los requisitos.

“No hubo un proceso transparente de selección y dieron tiempo a la gente para que hicieran diplomas falsos”, critica Babis Kokosis, ex empleado en ERT. Él es uno de los rebeldes: continúa presentando un programa de radio en una cadena con las siglas de la compañía clausurada. Lo hace desde el edificio contiguo a la sede de Nerit.

Sus compañeros continúan emitiendo informativos de TV a través de internet desde los estudios de la tercera cadena, situados en Salónica y protegidos por su alcalde, como muchas de las radioemisoras locales. Son unos 400: “El Gobierno quiere ocupar la TV pública con personal afín y no va a desarrollar funciones culturales”, critica Babis. Denuncia además que la repartición de espacio digital ha beneficiado a las privadas.

“Es mentira que estemos con Syriza. Somos gente de izquierdas y derechas. Nuestro movimiento tiene que ver con valores democráticos y de dignidad personal y laboral”, explica el ex reportero. Hace ya un año del cierre de ERT y ahora se gana la vida colaborando en distintos proyectos. Asegura que no le da para vivir: “Si todos hubiéramos permanecido unidos, ERT no habría cerrado“, expone. Sólo una calle separa su actual oficina, la de quienes abogan por la restitución de ERT, del edificio donde trabajó durante años.

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