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La minoría turca en el norte de Grecia vuelve al punto de mira

HÉCTOR ESTEPA. Xanthi (Elmundo.es) “¡Turcos, fuera de Grecia!”. Esa siniestra inscripción ‘decora’ la puerta de la Unión Turca de Xanthi. Situada en el corazón de las montañas del noreste heleno, la localidad es toda una excepción en un país donde la religión ortodoxa está reconocida en la Constitución y lo controla todo: casi la mitad de sus habitantes son musulmanes cuyas raíces provienen de la antigua dominación otomana, una comunidad tradicionalmente olvidada.

Según el Departamento de Estado norteamericano, unos 140.000 mahometanos viven en la Tracia griega, junto a Xanthi. La mayoría son de etnia turca, aunque también se incluyen los Pomak, musulmanes de etnia búlgara. Todos ellos quedaron fuera del masivo intercambio de población entre Turquía y Grecia tras finalizar en 1923 la guerra entre los dos países. Se les permiten libertades religiosas –allí hay mezquitas, inexistentes en el resto de Grecia– y pueden hablar su idioma.

No corren buenos tiempos para la comunidad. El extremismo surgido en el caldo de cultivo de la crisis helena ha comenzado a llamar a las puertas de sus casas. Un profesor de etnia turca fue apaleado hace unas semanas y unos días después, decenas de simpatizantes del partido neonazi Amanecer Dorado –con 18 diputados en el parlamento-zarandearon el vehículo del cónsul turco Ilhan Sener.

Esos ataques han sido sólo la punta del iceberg, según los musulmanes de Xanthi ahora hay más radicalismo. “Grandes grupos de personas en moto van a nuestros barrios por la noche, nos dicen que nos vayamos y nos insultan“, lamenta Ahmet Kara, presidente de la asociación de turcos.

También las escuelas mixtas –los turcos pueden optar por ir a centros islámicos- son escenario de las diferencias. “En los colegios, cuando hay algún problema entre niños de distinta etnia, siempre hay tensión y aflora el tema religioso”, subraya.

Temor a la radicalización

“Por ahora son sólo insultos, pero tememos que las palabras se conviertan en agresiones como en Atenas o Salónica”, añade el representante. Las grandes ciudades del país han sido en el último año escenario de centenares de ataques violentos racistas, la mayoría contra musulmanes. Varias mezquitas improvisadas han sido quemadas.Kara teme su reproducción en el norte: “La situación nos entristece, nos da vergüenza”.

A unos kilómetros de Xanthi se encuentra Komotini, otro de los centros neurálgicos de la región. Allí está el cuartel general en Tracia de Amanecer Dorado, el partido acusado de espolear la violencia racista. Dos seguidores con ropa de aspecto militar aguardan vigilantes en las escaleras de entrada. “No existe minoría turca ni en Tracia ni en Grecia, hay una minoría musulmana”, señala Nikolaos Tsakiris, su portavoz en la localidad.

Sigue la línea marcada hace más de tres décadas por el Estado griego. No nombrar la comunidad turca por su nombre, sino como “griegos musulmanes”, para evitar una secesión de esa parte de Grecia. “Como aquí no existe tal minoría, no hay necesidad de consulados turcos”, añade, tras negar categóricamente cualquier implicación de su partido en el ataque al cónsul en Kavala.

Según Sami Karabuyukoglu, un periodista de la televisión estatal griega de origen turco, es “imposible” que se produzcan actos de violencia racista en la zona, aunque sean verbales, sin el “apoyo” del Estado. “Los radicales no tienen tanto sustento popular”, lamenta.

‘Ley de imanes’

Además, critica la reciente aprobación de una ‘ley de imanes’ en el parlamento. El Estado heleno se ha arrogado la potestad de nombrar imanes en las escuelas estatales musulmanas y las mezquitas de Tracia. El gobierno del primer ministro griego, Antonis Samaras, la ha defendido argumentando un ánimo de “mejorar” el “estatus” religioso y cultural de la minoría. La noticia ha caído como un jarro de agua fría en Tracia: “han hecho una ley que nosotros no habíamos pedido para dejarnos sin palabra alguna. Va a romper a la comunidad”, critica Karabuyukoglu.

Atenas ya nombraba a los muftíes, grandes líderes religiosos de la región, desde mediados de los años 80, una decisión denunciada por los turcos de Tracia ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. “Nos dieron la razón en 2008, pero la decisión no es vinculante y nada ha cambiado”, denuncia Karabuyukoglu. Como resultado, en la región conviven dos tipos de muftíes: los elegidos por la comunidad y los señalados por el Estado.

El antagonismo tradicional entre Grecia y Turquía, dos naciones enfrentadas en el pasado en decenas de guerras, ha minado durante décadas el progreso de las minorías étnicas en ambos países. “Turquía y Grecia son como dos elefantes y nosotros como el suelo. Cuando ambos se enfrentan, somos pisoteados“, admite Ahmet Kara en su oficina en Xanthi. El graffiti en la puerta de su asociación lo atestigua.

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