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En la trinchera griega contra la inmigración

HÉCTOR ESTEPA. Orestiada (Elmundo.es) Cabizbajo, con voz entrecortada, Halid se niega a rememorar cómo llego a Grecia: “Fue muy duro, me hace daño recordarlo”. Él es uno de los miles de inmigrantes llegados a Europa por el paso del Río Evros, frontera natural del país heleno con Turquía. En su caso, una dura travesía desde su Pakistán natal, atravesando montañas y desiertos.Todo para llegar a un país donde no hay trabajo -–él lleva seis meses sin empleo- y el auge del extremismo racista ha convertido en una peligrosa aventura las idas y venidas de cualquier asiático.

Tratando de borrar las imágenes de su mente, Halid mira al horizonte, siguiendo las vías del tren de la estación de Orestiada, una de las primeras localidades visitadas por los ‘sin papeles’ tras cruzar el Evros y llegar a Grecia. La parada, testigo de sueños errantes, está repleta de zapatos abandonados por quienes emprendieron el camino a Atenas.

“En 2010 ingresaron ilegalmente por esa zona unos 36.000 inmigrantes”, recuerda Georgios Salamangas, director general de policía de Tracia. Ahora pasan apenas unas decenas al mes: Atenas envió el pasado agosto a unos 1.900 policías a la zona para poner punto y final a la “invasión”, término utilizado por el gobierno para calificar la masiva llegada de inmigrantes a Grecia.

Seis meses después, durante el pasado diciembre, finalizó la construcción de un “muro” de separación entre el territorio heleno y Turquía: la valla mide 10,3 kilómetros de longitud, 4 metros de alto, está repleta de alambre de espino y divide una zona de 12,5 kilómetros donde el río Evros se adentra en jurisdicción griega convirtiendo a la frontera en terrestre, un paso muy conflictivo antaño. Costó tres millones de euros, financiados íntegramente por Grecia: la Unión Europea se negó a poner dinero, pero no impidió su construcción.

El muro ha frenado el flujo de ‘sin papeles’

Una dotación de la agencia europea de fronteras (Frontex) ayuda a los helenos a patrullar tanto ese pequeño espacio como los restantes 190 kilómetros de frontera al norte. “Tenemos el apoyo de las autoridades turcas e intercambiamos información sobre los traficantes”, apunta orgulloso Salamangas, destacando la colaboración entre dos países tradicionalmente antagónicos. El resultado es palpable: un 49% menos de ‘sin papeles’ cruzaron por la zona del Evros en todo el año 2012, dato significativo si se tiene en cuenta que la valla no se terminó hasta el último trimestre e hizo descender aún más ese flujo.

Atenas intenta así dar solución al problema de la migración en el país:alrededor de 1.500.000 inmigrantes viven en Grecia, un país de 11 millones de habitantes. El 90% de griegos, de acuerdo con una encuesta, les ve como responsables del aumento de la criminalidad y la violencia racista está al alza por el auge de la extrema derecha durante la crisis económica. No hay día donde no se reporte una paliza a un inmigrante y ya se han dado varios muertos.

“No sé por qué siguen viniendo, aquí no hay nada para ellos”,apunta Vagelis, granjero de Orestiada. Los vecinos de Kastanias, la localidad más cercana a la valla, dan por buena la medida del gobierno. “Antes rompían los cercados de nuestras plantaciones para cruzar a la carretera”, dice Yorgos Zidis. Sus amigos se quejan por no haber recibido “ni un euro” de las expropiaciones de terrenos para construir la valla.

“Los inmigrantes siguen cruzando”

Quien no tiene clara la funcionalidad del muro es Gökhan Tuzladan, un periodista turco experto en la frontera. “Es sólo una medida disuasoria, la frontera tiene 190 kilómetros por donde los inmigrantes siguen cruzando”, admite. Y denuncia una emergencia humanitaria en el Evros: “Existen unas pequeñas isletas en el centro del río. Los traficantes les dicen a los migrantes que eso ya es Grecia, y ellos, una vez en Europa, se quedan allí esperando que les detengan, pero eso no es cierto y se han contado decenas de muertes por hipotermia”.

Según las autoridades helenas, 112 inmigrantes han muerto en el lugar desde 2010, pero un líder musulmán local afirma haber enterrado a más de 400. Otros ciudadanos de Orestiada han señalado de manera anónima la existencia de minas en la frontera, residuos de antiguos conflictos entre Grecia y Turquía: algunos inmigrantes habrían muerto a causa de ellas, un extremo no confirmado por la policía.

Preocupa ahora la vuelta de los migrantes a la ruta del Mar Egeo con la esperanza de llegar a una isla griega: el trayecto se realiza en pequeños botes y es muy peligroso por las mareas. Varios naufragios recientes han dejado decenas de muertos.

También se han desviado a Bulgaria: “La valla sólo va a provocar más muertes entre personas cuyo propósito no es llegar a Grecia, sino a Alemania o Francia”, lamenta Aliki Karavia, una abogada especializada en inmigrantes. Antes de subir al tren de vuelta a Atenas, Samir, otro paquistaní, hace la misma reflexión. “Yo no vine para quedarme en Grecia”, sentencia.

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