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'Corralito de Chipre' 2013, Chipre, Economía, Noticias, Reportajes, Sociedad, Web

‘Chipre era un paraíso, pero ahora todo es oscuro’

HÉCTOR ESTEPA. Nicosia (Elmundo.esChipre tenía que explotar… y finalmente explotó. Su desproporcionado sector bancario, cinco veces mayor que la economía del país, ha terminado por convertirse en el mayor problema de los isleños. Las grandes entidades del país sufrieron pérdidas por 4.500 millones de euros tras la quita de deuda privada en Grecia de 2012. Unos meses después ya estaban ensituación de insolvencia.

Rescatar esas entidades y pagar las cuentas del país cuesta 17.000 millones de euros, pero Bruselas sólo está dispuesta a ofrecer 10.000 millones de euros como rescate. Chipre debe buscar el resto para poder optar a la ayuda europea.

Los bancos en la isla permanecen cerrados mientras se negocia el pacto en una suerte de ‘corralito’ a la europea. El objetivo es evitar la fuga de capitales por la decisión de imponer pérdidas a los depósitos de la isla.

La incertidumbre es, sin duda, el mayor enemigo ahora de los isleños: las calles están vacías, los comercios no tienen clientes y muchos pasan el día encerrados en casa, exceptuando la visita diaria al cajero para intentar salvar la mayor cantidad de dinero posible. Así están pasando los chipriotas las horas más difíciles de su historia reciente. ELMUNDO.es ha recogido algunas de esas historias.

Niki Christoforou. Dueña de una tienda de productos naturales

[foto de la noticia]

Entrar a la tienda de la señora Christoforou seguramente habrá alegrado la vida a más de un chipriota en los últimos días: sus esquinas huelen a lavanda y jazmín, y es inevitable suspirar tras cruzar el umbral de la puerta. Eso, para el que haya ido: “He perdido el 80% de mis clientes”, lamenta la veterana empresaria.

Como tantos otros negocios en Chipre, el suyo se ha visto perjudicado por el cierre de los bancos: los chipriotas no quieren gastar dinero hasta que su país encuentre una solución: “La gente se queda en casa llorando”, explica.

Ella todavía acepta tarjeta de crédito en los pagos, a pesar de ser consciente de la necesidad de guardar efectivo al no abrir los bancos desde hace dos viernes. “Saldremos de ésta. Somos chipriotas y estamos acostumbrados a empezar de nuevocomo lo hicimos después de la invasión turca en 1974″, dice.

No se corta en echar parte de culpa a los chipriotas: “Yo no fui a la universidad pero sé que no debía pedir préstamos que no podía pagar. Por eso no temo por mi negocio, está todo asegurado”, relata.

Maria Strati. Importadora de videojuegos

[foto de la noticia]

El perfil de María es el de la joven emprendedora chipriota. Su negocio es el de los videojuegos, un sector “en alza” en la isla durante los últimos meses, según explica: los chipriotas prefieren “quedarse en casa” por las noches a salir a restaurantes o fiestas.

Sin embargo, el cierre de los bancos ha afectado gravemente a su negocio: ha perdido la capacidad de importar sus productos tras la prohibición de las transferencias y la banca ‘online’.

Como muchos otros chipriotas, María participará voluntariamente en el “fondo de solidaridad” creado por el gobierno isleño si se garantiza la transparencia de ese dinero: “si el Estado demuestra que no lo va a robar estoy dispuesta a donar, como casi todos.Sólo la clase media estamos dispuestos a dar dinero sin esperar nada a cambio“, explica la empresaria.

Maria Georgiou. Dueña de una tienda de electrónica

[foto de la noticia]

Casi todos los chipriotas propietarios de pequeñas empresas se quejan de la falta de clientes. “Por aquí no ha pasado ni un nacional en todo el día, todos han sido extranjeros”, asegura Maria Georgiou entre los artilugios electrónicos de su tienda. “Sólo se consumen gasolina y productos de supermercado”, lamenta.

También sufre por no tener forma de pagar a sus importadores: “Sólo se les puede comprar en metálico, y no me lo puedo permitir. Si pago al contado dos ordenadores ahora, ¿cómo sé que los voy a vender y recuperar ese efectivo?”.

Ella tiene intención de sacar su dinero del banco cuando vuelvan a abrir las sucursales, en un principio el martes. “Nadie acepta tarjeta de crédito y así no podemos seguir, quiero mi dinero”.

“Chipre era un paraíso, pero ahora todo es negro. Espero que sea gris en pocos días, aunque ya no me creo nada. Seguramente los alemanes joroben con otra cosa cuando todo parezca arreglado”, comenta.

Elena Kyriakou. Dueña de tienda de ultramarinos

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Chipre es un país con una gran tradición como centro de negocios. Desde jóvenes, los chipriotas tienen interés por emprender. Ése es el caso de Elena Kyriakou, una joven estudiante hasta hace pocos meses.

Ella ha decidido empezar por una empresa humilde, una tienda de ultramarinos. “El centro de la ciudad está muerto, aquí no viene nadie. Los pedidos los hacemos con cheque, pero casi todo el mundo quiere efectivo. Muchos camiones con veduras no están pasando estos días. Han venido a por este país desde el norte porque somos pequeños”, explica la joven como resumen de lo ocurrido en los últimos días.

Elena se siente especialmente molesta por el súbito surgimiento de esta crisis. “De un día para otro todo se torció y nadie se lo esperaba. Sabíamos que estábamos en problemas, pero no hasta dónde llegaría todo”, explica.

Akis Nikolau. Socio y cocinero de un comedor

[foto de la noticia]

Es hora punta para almorzar y el pequeño restaurante de Akis Nikolau está vacío. Pocos han pasado por allí en las horas anteriores para comer el típico ‘souvlaki’ griego. “Lo peor es no saber qué va a pasar. Un día se dice una cosa y al día siguiente otra”, explica.

Comparte la opinión crítica de muchos chipriotas con respecto a la UE y Alemania: “Tenemos que salir de la Unión Europea, sólo los alemanes necesitan una comunidad así”, dice mientras toma su noveno café del día. Así se calma, dice, para seguir viendo la televisión.

“Yo estoy dispuesto a donar dinero y a guardar mis fondos en el banco para evitar la bancarrota del país porque eso es lo que los alemanes quieren. Tanto yo como mis amigos ayudaremos todo lo que podamos, estamos en una guerra económica y tenemos que ganarla nosotros mismos“, explica el cocinero.

“Los alemanes son sólo ladrones y robots, no se ríen como nosotros, es una cultura diferente”, dice Nikolau expresando el resentimiento general contra Alemania aflorado en los últimos días en la isla.

Manuela Popa. Inmigrante rumana empleada de una tienda

“No se puede confiar en la UE. Hace unos meses sentí que la situación aquí no era fiable y no metí mi dinero en el banco”, señala Manuela Popa en un alarde de previsión.

Es inmigrante rumana y lleva cinco años en la isla: “Si cambian la moneda en mi país va a ser una debacle total como aquí. Europa lo rompe todo, hubiera sido mejor no haber entrado“, explica visiblemente molesta. Por su pequeña tienda apenas han entrado clientes en los últimos días: “Nadie quiere gastar el efectivo que tiene”.

El futuro de Chipre podría decidirse este domingo en Bruselas. Los isleños esperan con ansiedad conocer cuál será el pacto final por el futuro del país. Lo harán unidos, una de las señas de identidad de esta crisis: todos, incluidos los políticos, parecen estar remando juntos.

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