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Los griegos se refugian en la mitología

Olimpo

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HÉCTOR ESTEPA. Monte Olimpo (Crónica). Los seguidores de los dioses del Olimpo han vuelto a ser legión. A un océano de distancia de las antiguas ruinas mayas donde los apocalípticos profetizan estos días el fin del mundo también han vuelto la mirada a sus ancestros: Grecia, lugar donde nació la civilización occidental, hoy azotada por la crisis económica y el desempleo, ha regresado al politeísmo. Mientras en México se recuerdan el legado de los sabios mayas, miles de helenos —hasta medio millón, se ha llegado a decir— han vuelto a adorar a las 12 divinidades del panteón olímpico.

Zeus es mi señor y Afrodita mi ejemplo, podría ser el nuevo rezo. Porque en una sociedad dominada por la conservadora Iglesia Ortodoxa —el 95% de los griegos, al menos nominalmente, profesa esa religión— son cada vez más quienes se encomiendan a las divinidades de sus antepasados. Los antiguos sacerdotes envueltos en túnicas blancas y coronados por olivo han vuelto a pasear por las calles e incluso han oficiado ceremonias en el Partenón y en las ruinas del templo de Zeus.

Se llaman a sí mismos los helenistas y definen su religión como un movimiento humanista de liberación: «Los antiguos dioses garantizan la dignidad humana. No nos piden que seamos sus siervos o nos arrodillemos ante ellos. Tampoco nos castigan si no seguimos sus designios», señala a Crónica Vlassis Rassias, empleado de un banco y uno de los dirigentes del Consejo Supremo de Griegos Gentiles, una asociación filosófica-religiosa que apoya la difusión del antigua religión.

Pero, ¿son en realidad medio millón? «Esa cifra ha sido refrendada por la Iglesia, quizá para meter el miedo en la población ortodoxa», sostiene Rassias. En un momento en que el rey euro ha perdido su poder y existe una crisis de soberanía, muchos creen encontrar en el credo de la Grecia más histórica el estandarte de un nacionalismo herido en su orgullo. «Queremos que los griegos cuestionen el poder y piensen por ellos mismos», señala el sumo sacerdote Tryphon Olympios, profesor de Empresariales en la Universidad de Estocolmo hasta que en 1996 decidió volver a sus orígenes y crear una secta llamada El Regreso de los Helenos, muy popular al norte del país.

Como en cualquier movimiento religioso, advierte Olympios, hay distintos grupos autónomos dentro del renovado culto. El suyo es uno de ellos: «Estamos tratando de renovar la sociedad helena desde sus cimientos. El ciudadano no ha sido más que un ser obediente bajo el dominio de las nuevas religiones», explica.

Los helenistas proclaman la vuelta a la ciencia y a la filosofía, castigada, según ellos, por las religiones monoteístas. Según el profesor Olympios, más conocimiento y más cultura podrían ayudar a solucionar los problemas de la Grecia contemporánea, un país sumido en su quinto año de recesión y donde el 26% de los ciudadanos está desempleado: «Apostamos por la virtud, el orden y la belleza. Donde hay eso, también hay buena economía», asegura.

Otro de los pilares de la vieja sociedad helénica era el valor de la comunidad, visión que los nuevos adoradores de Zeus comparten: «En la antigua Grecia ser un ciudadano individualista era ser un idiota. El ahora insulto, en helénico antiguo significa ‘privado’», dice Olympios.

Quizá para homenajear ese valor, las distintas facciones politeístas se reúnen con asiduidad: preparan bodas, coros, ofrendas y clases de historia o cultura clásic. No se cortan ni siquiera para congregarse en el centro de una ciudad, encender antorchas y pregonar sus creencias  ataviados con los atuendos clásicos. Ofrecen a los dioses fuego y vino, celebran ceremonias rituales y cantan en griego antiguo. Incluso tienen un templo en Salónica, la segunda ciudad más grande del país tras Atenas: fue construido al estilo clásico, con un gran frontón  y columnas, dentro de los terrenos de Aristóteles Kakageorgiou, un célebre seguidor de los antiguos dioses. «En nuestra religión no hay rangos, todo el mundo puede ser un sacerdote si conoce los rituales y las creencias antiguas». señala el septuagenario. Él mismo puso los cimientos del templo.

Bautizos con vino y miel

Para formar parte del movimiento basta con asistir a uno de los bautizos organizados periódicamente. El ritual consiste en crear un altar a los dioses vertiendo una mezcla de vino, leche y miel en el suelo. Los nuevos adeptos harán un círculo alrededor de él y elegirán su nuevo nombre, por supuesto en griego antiguo: Odiseo, Platón, Jasón, Agamenón…

El mayor bautizo del año se realiza a finales de junio con motivo del solsticio de verano. Centenares de fieles se reúnen en el monte Olimpo. La mayoría son de clase alta y cultos: profesores de universidad, ingenieros, empresarios y hasta actores. El párking está repleto de coches de gama alta, deportivos descapotables incluso: «Atraemos a gente muy bien conectada socialmente, de cualquier ideología», señala Olympios, quien conoce personalmente a la mayoría de los fieles y ha casado a  200 parejas en la última década, muchas en el monte Olimpo, paraje que Crónica visita con los helenistas.

En el campamento suena música tradicional y se prepara una gran sopa al estilo druídico en una gran marmita batida con un remo. Los niños juegan a la jabalina y sus padres participan en diversos coloquios científicos y filosóficos separados por las distintas escuelas clásicas: «Vivimos en un mundo donde todo es de usar y tirar. La filosofía te ayuda a reciclar», explica Dimitris Kapatos, ingeniero genético y presidente del club epicúreo.

Alguno de los asistentes incluso asegura haber tenido experiencias místicas: «A mí me poseyó Artemisa en un templo en Tríkala 15 minutos. Desde entonces tengo más fuerza y mejor suerte», relata convencido Olvios Papachelas, un alto empleado del Eurobank en Grecia, quien se casó en el último festival por el antiguo ritual ataviado con una armadura antigua. Casi todos los actos religiosos, como su enlace, se celebran a la interperie: «El ser humano tiene que recuperar su relación con la naturaleza», dice Olympos.

De momento, el culto a los antiguos dioses no ha sido bien recibido por la Iglesia Ortodoxa. Aunque en 2006 el gobierno heleno levantó la prohibición al culto politeísta, Olympios no ha conseguido que les reconozcan como religión oficial. Han sido, por el contrario, muy criticados: cuando en 2007 organizaron un ritual en el Templo de Zeus en Atenas, un obispo ortodoxo les tildó de «miserables» que promovían «monstruosas oscuridades del pasado».

Sea como fuere, lo cierto es que el número de fieles de los antiguos dioses está en aumento. Y ellos no temen el fin del mundo: «Nuestra concepción del cosmos no es lineal, sino circular. Es decir, el mundo siempre ha existido y nunca se acabará», tranquiliza el banquero Rassias.

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