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‘Nadie va a cambiar nada, salga quien salga será manejado desde Europa’

HÉCTOR ESTEPA. Atenas (Elmundo.es) Los clientes de bares, restaurantes y cafés de todo Atenas estaban anoche pendientes de la televisión. Ni siquiera la Eurocopa había podido hacer frente a la retransmisión estrella del día: el recuento de unas elecciones que eran clave para el futuro del país.

Acaloradas discusiones podían escucharse desde la puerta de los locales: en un país tan fragmentado como Grecia hay pocas pandillas en las que todos los amigos voten al mismo candidato.

En una esquina del barrio de Abelokipi se encuentra el bar Ágora. Su nombre evoca a las plazas de la antigua Grecia donde políticos y filósofos acudían a debatir. Ningún nombre era más apropiado para lo que se estaba viviendo dentro.

Tres vecinos discutían sobre las elecciones. Yianis, Theodoros y Christos tienen en común muchas cosas. Los tres son desempleados y se ganan la vida cobrando en negro. Engrosan la cifra del 22,6% de paro oficial en Grecia. Ninguno consigue más de 600 euros al mes. Tampoco votan a los partidos tradicionales, Nueva Democracia y Pasok, los triunfadores de la noche.

Sin embargo, sus opciones eran totalmente distintas: Yianis y Theodoros votaron a los izquierdistas radicales de Alexis Tsipras. Christos votó a los neonazis de Amanecer Dorado: “Estoy contento, vamos a ser la cuarta o la quinta fuerza política” decía ayer este hombre de 53 años.

Como tantos otros, quiere a los inmigrantes fuera del país: le robaron su trabajo. Christos era empleado en una cafetería hasta que el dueño se dio cuenta de que era más barato emplear a un asiático. Por eso vota a los neonazis. Sus amigos le hacen una seña cuando pasa una mujer de aspecto subsahariano por delante del local. Esbozan una sonrisa de nerviosa complicidad.

“El miedo ha ganado hoy, la gente ha votado a los mismos de siempre, sobre todo los mayores” señalaba el homeópata Theodoros, de 50 años, al calor de un whisky. “De todas formas, el nuevo gobierno no va a durar mucho. No le doy más que hasta octubre. Las manifestaciones van a hacer arder a Atenas”, añadió.

Anoche era difícil encontrar en las calles de la capital ninguna celebración del partido ganador: los seguidores de Nueva Democracia habían hecho sus deberes por la mañana en los centros de votación. “Queremos a Europa y estamos seguros de que Antonis Samaras nos va a mantener en el euro”, decía Cristóbal Drakatos tras ejercer su sufragio en un colegio electoral de Abelokipi.

“Yo no soy racista, pero no puede haber más de un millón de inmigrantes en Grecia”, señalaba Vasilis Foto, otro votante de Samaras defensor del proyecto de “retomar las calles helenas” del líder conservador. Los ‘sin papeles’ se han convertido en el segundo mayor problema de los helenos después de la crisis económica. Según una encuesta, más de un 60% de griegos les relaciona con la violencia al alza en Grecia. Samaras propone medidas más duras para frenar su entrada en el país.

Sin embargo, la euforia no se contagió entre los electores del partido una vez se conocieron los resultados. En la medianoche ateniense nadie se había dado cita en la céntrica plaza Syntagma, tradicional lugar de reunión de los vencedores. Quizá porque el gobierno que probablemente formará mañana Samaras junto a los socialistas de Evangelos Venizelos es una repetición de la anterior alianza que gobernó hasta mayo.

En una cafetería de la avenida Alexandras Leoforos, dos muchachos militantes de la izquierda radical miraban a la televisión con cara de pocos amigos. Seguían las noticias también desde un aparato de radio: “¡Es un desastre, una desgracia!” exclamaba uno de ellos al darse cuenta de que Alexis Tsipras no iba a tener posibilidades de gobernar.

Decenas de personas en una parada de autobús cercana estaban mirando la misma televisión que los jóvenes. Más de un ateniense perdería ayer el autobús por estar más atento de las noticias que de la carretera. La universitaria Eleniki era una de ellas. Votante de un pequeño partido anticapitalista, lamentaba la suerte que le esperaba al país: “Samaras continuará con los recortes aunque la gente ya no tenga como vivir”, señalaba. Las cifras oficiales apoyan las palabras de esta joven: el 27,7% de los griegos subsisten por debajo del umbral de la pobreza.

Quienes sí miraban a la carretera eran tres inmigrantes pakistaníes. Ellos ya habían conocido la peor noticia de la noche:la vuelta de los neonazis de Amanecer Dorado al parlamento. “Es triste”, acertó a decir uno de ellos.

Otro de los bares de la zona sí tenía sintonizado el fútbol en sus pantallas: “Para lo que hay que ver en las elecciones… nadie va a cambiar nada, salga quien salga será manejado desde Europa” señaló Nikos mientras veía ganar a Alemania en una noche que sólo dejó indiferente a unos pocos.

 

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