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‘A los griegos nos han quitado la esperanza’

HÉCTOR ESTEPA. Atenas (El Mundo) Aris Violadis escucha cada día a decenas de griegos en estado de depresión aguda. Los testimonios han estremecido muchas veces su fornida figura: “llaman en un profundo estado de ansiedad, con mucha rabia contenida”, asegura. Este psicólogo cuarentón es uno de los operadores de una línea especial para atender a personas deprimidas y al borde del suicidio organizada por la ONG griega  Klimaka.

Los oídos de Aris lo han escuchado todo: “Antes de 2009 recibíamos un 50% menos de llamadas. Sólo el 25% de los que acudían a nosotros lo hacían por problemas económicos. Ahora son el 75%” asegura el psicólogo.

Los expertos griegos calculan que los suicidios han aumentado en Grecia un 40% en los últimos años, aunque no hay datos confirmados por las autoridades. De 2007 a 2009, con cifras en la mano, aumentaron un 20%, con un tope de 393 en 2009, el último dato conocido. Estos números son la terrible punta del iceberg de un problema que es causa de alarma social en Grecia: el creciente número de depresiones debido a la crisis económica.

Las agrupaciones de psicólogos helenas calculan el aumento de pacientes en un 40%:“Estamos observando un notable incremento en síntomas psicosomáticos causados por estrés y un sentimiento generalizado de tristeza”, señala Vasilis Pavlopoulos, profesor de psicología de la Universidad de Atenas.

“A los griegos nos han quitado la esperanza. No sentimos que haya manera alguna de superar nuestros problemas. Es como un círculo vicioso, contra más nos damos cuenta de nuestra situación, más deprimidos estamos”, asegura el profesor.

“En otras situaciones de estrés es posible hacer ver a la gente que hay otras salidas, pero con esta crisis interminable ¿cómo le dices a alguien que no va a encontrar empleo, tiene deudas y no puede alimentar a sus hijos que hay luz al final del túnel?”, se pregunta también Aris.

“Existe también una gran melancolía. Muchos griegos quieren que la situación vuelva a ser como antes de 2009 de una manera mágica. Esto obviamente no es posible y se sienten desamparados” apunta Pavlopoulos. “Esta generación ha crecido con grandes expectativas. Verse ahora en la ruina es difícil de afrontar. Se sienten además humillados porque en el extranjero dicen que somos perezosos”, añade.

La depresión afecta a todos los grupos de edad, según los expertos: “Los jubilados han visto sus pensiones muy reducidas. Conozco ancianos que antes recibían 600 euros y ahora sólo 400. Muchos tienen la sensación de que están suponiendo una carga para sus hijos. Ese sentimiento es muy difícil de aceptar” señala el profesor universitario.

También los jóvenes lo están pasando mal: “He tenido cinco casos de adolescentes que han llegado deprimidos por la situación económica en casa ¿Debería dejar de ir a la escuela de idiomas para que podamos ahorrar? Han llegado a preguntar. Esto es una fuente de ansiedad para los jóvenes. En esa edad tus padres significan todo para ti y son poderosos. Ahora están viendo a sus padres muy débiles y se sienten desprotegidos y sin futuro alguno. Por eso muchos votan partidos extremistas” apunta Pavlopoulos.

Las relaciones de pareja son otro foco de problemas: “Los divorcios se han reducido porque no hay dinero para emanciparse. Cuando una pareja permanece unida sólo por los lazos económicos tienen más riñas y peleas y eso también afecta a sus hijos”, señala el psicólogo.

Kostas toma café en un bar de Panormou, una zona recreativa del centro de Atenas. “¿Cómo no voy a estar deprimido?” se pregunta. “Me licencio el año que viene y no voy a tener trabajo, ni siquiera en la universidad” lamenta este estudiante de física.

Alexandros Retsos trabaja en uno de los bares de la zona. Ha notado el cambio de humor de los griegos: “Antes estábamos todo el día de broma. Ahora la gente viene a los bares en pareja, están con una sola bebida toda la noche y sólo discuten de política”, señala el camarero.

También los psicólogos han sentido la crisis: “Muchos compañeros están trabajando gratis con algunos pacientes porque no pueden pagar. Cuando más ayuda necesitan, no pueden optar a ella” apunta Pavlopoulos.

Aris sabe muy bien lo que es la desesperanza. Requisó por los pelos una soga de uno de sus pacientes, pero lo perdió pocas semanas después: “Nos afectó mucho, pero no pudimos hacer nada”, lamenta en su humilde oficina de Atenas.

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