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‘Si los bancos me dejan sin dinero, cogeré un rifle’

HÉCTOR ESTEPA. Atenas (El Mundo) Los griegos se preparan para afrontar los 30 días más complicados de su historia reciente. Son exactamente los que les separan de las elecciones del 17 de junio. Sumidos en una grave crisis económica y ahora también política, ayer vieron como tomó posesión el gobierno provisional de Panagiotis Pikramenos.

El nuevo Primer Ministro, un jurista de 67 años ex presidente del Consejo de Estado, dirigirá el país hasta los comicios. Se ha rodeado de académicos para formar un gabinete donde también hay viarios ex ministros. La crítica cartera de Finanzas ha recaído en Georgios Zanias, un profesor universitario y directivo del Banco Nacional de Grecia .

También tomaron posesión ayer los 300 nuevos diputados del parlamento heleno, entre ellos los 21 de la formación neonazi Amanecer Dorado. Los ultras no pudieron faltar a su cita con la polémica: llegaron en formación militar y decidieron no levantarse de sus escaños cuando tres diputados musulmanes prestaban juramento. Sus asientos no les durarán mucho: la cámara se disolverá oficialmente antes del martes, aunque es probable que se haga mañana, para convocar elecciones.

A pocos helenos les importa este gobierno. Un chaparrón cayó ayer sobre Atenas, confirmando visualmente el ya de por sí oscuro panorama de los griegos. La incertidumbre política ha caído como una losa sobre el ánimo de muchos.Lo confirma una guía turística a sus clientes: “Antes la gente reía más, ahora seguimos saliendo a la calle pero el ambiente es más triste”.

Para muchos, lo peor es la incertidumbre: “Los políticos siguen jugando y ahora tememos por nuestro dinero en el banco, es deprimente” dice Katia Ilíadis tras salir de una sucursal bancaria. El principal temor de los griegos ahora es un “corralito” a la argentina: la posibilidad de que los el gobierno bloquee la retirada de dinero de los bancos y les obliguen a cambiar todas las cuentas a un dracma que probablemente se devalúe.

Katia todavía guarda su dinero en el banco. Filipos Rachiotis, otro cliente, no. Ha ido a la sucursal por un motivo de trabajo: “No sé si Grecia va a permanecer en el euro o no, pero a mí no me va a pillar por sorpresa. Todo mi dinero está en Chipre desde hace mucho tiempo”, señala el comerciante. “Si los bancos me dejan sin dinero, cogeré un rifle”, añade. Las autoridades griegas calculan que la cantidad de dinero heleno en el extranjero podría ser mayor que el PIB del país.

La paranoia del “corralito” ha hecho incluso que muchos negocios no acepten el pago con tarjeta de crédito. Las máquinas donde antes pasaban ‘visas’ y ‘mastercard’ ahora quedan en un rincón: “Sólo en efectivo, por favor” ¿Por qué? “Yo no quiero que mi dinero pase por el banco, está más seguro en otro sitio”, asegura Christos, dueño de una cervecería.

Otros, como Nikos Theofanus, un economista de la Consultora ‘Interamerican’, no sienten miedo del “corralito”: ve “Imposible” que Grecia salga del euro. “Los ‘lobbys’ europeos están chantajeando a los griegos para cambiar su voto pero no nos van a sacar del Euro”, asegura. “Los mercados están jugando con los griegos y con nosotros no se juega. El voto es sagrado”, subraya el consultor.

Algunos negocios se han lucrado con la crisis: Cientos de pequeñas tiendas de compraventa de oro proliferan por el centro de Atenas, pero incluso ellos no previeron la gravedad de la situación: “Este negocio estaba bien hace unos meses, cuando teníamos oferta pero también demanda. Ahora nadie compra joyas. Quienes quieren comprar oro para poner su dinero a salvo lo compran legalmente en el Banco Central, nosotros sólo podemos comerciar bisutería”, señala el jefe de una de estas tiendas en la Avenida Kiffisias, aunque rehúsa dar el nombre. Admite, por lo bajo, que existe un mercado negro.

La negativa a aceptar las medidas de austeridad –aunque el 78% de los griegos se declara a favor del Euro- defendidas por Alemania ha levantado un sentimiento antigermano en parte de la población. El lunes un ciudadano holandés fue objeto de una golpiza en el norte del país. “Alemán u holandés, lo mismo es” señalaron sus agresores y comenzó la paliza. Los servicios turísticos del país calculan que la afluencia de germanos a Grecia descenderá en un 30%. Incluso la Confederación de Consumidores griega proclama un boicot a productos holandeses y alemanes. “No somos una colonia alemana, no nos pueden intervenir” señala con rabia Margarita Cheidou, otra ciudadana con planes de mandar su dinero a Chipre.

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