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La crisis económica manda a los griegos a la caridad

HÉCTOR ESTEPA. Atenas (Elmundo.es). Michalis Chidakis se acerca a una ventanilla provisto de las recetas de un hospital. Ha tenido que esperar una larga fila antes de llegar a la mampara de cristal. Su aspecto occidental contrasta con el del resto de la fila: entre asiáticos y africanos, una gran cantidad de inmigrantes y refugiados espera su turno para acceder a la clínica que los Médicos del Mundo griegos han organizado en el centro de la ciudad. Michalis es uno de los miles de helenos que se ven obligados a acudir a la caridad por no poder pagar sus medicinas ni una sanidad pública donde se ha introducido el copago.

“Ahora estoy aquí por las medicinas de mi madre. No tiene pensión ni prestación alguna y yo no puedo pagar ni siquiera mis pastillas, no tengo dinero, no tengo trabajo desde hace meses y no he podido encontrar uno, nuestra situación es desesperada”, admite el griego. “Ni siquiera vivo en Atenas porque la vida aquí es mucho más cara, tengo otro lugar en el campo y sólo vengo para cuidar de mi madre, he recorrido toda la ciudad buscando ayuda”, añade.

“El número de pacientes griegos que estamos atendiendo en nuestro centro es ahora el 25% del total, cuando antes sólo venían unos pocos”, dice Eleni Kechagia, una doctora voluntaria de mediana edad. “En otros centros del país, la proporción de nacionales que tenemos es cercana al 100%. La crisis económica y los recortes han arruinado a muchas familias, algunas no podrían sobrevivir de no ser por la caridad”, admite.

Descenso del nivel adquisitivo

El centro también da de comer a muchas personas, en otro edificio y días alternos. Colabora asimismo con un refugio nocturno: “No sólo es el caso de nuestra organización, conozco otras instituciones que también reciben más griegos cada día porque no pueden pagar la comida o la atención médica”, lamenta Eleni.

Las medidas de austeridad han provocado un descenso del 25% en el nivel adquisitivo de los griegos y un considerable aumento del desempleo: hasta el 21,8% de la población según las últimas cifras conocidas. Se puede reconocer a los nuevos pobres en las filas de la caridad por la ropa que llevan puesta, adquirida cuando formaban parte de la clase media y no del 27,7% de helenos que ahora viven bajo el umbral de la pobreza.

“Los griegos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, nos dieron dos tarjetas de crédito –yo las tuve- y nos creímos que eran de verdad, pero no lo eran. Tengo muchos conocidos que también vienen a estas asociaciones porque se han quedado sin dinero”, señala Michalis con su bolsa de medicinas en mano.

Rabia contra los políticos

Panos -aunque probablemente no sea su verdadero nombre, porque vacila al dárselo al periodista- tiene una infección bucal grave, según revela la gran hinchazón de su mandíbula derecha. No ha ido al hospital. Podría pagar la primera consulta -cinco euros- pero el suyo no es un problema que se arregle en un día y no tendría dinero para el resto. Menos aún si hay que hacer una pequeña operación.

“No tengo más remedio que venir aquí”, asegura. Ni siquiera puede decir con exactitud cuándo fue la última vez que tuvo trabajo. También ha acudido a comedores sociales municipales. Rehúsa decir dónde vive, quizá sea uno de los 20.000 ‘sin techo’ griegos, pero sí admite que sus problemas son culpa de la crisis.

Sonríe ostensiblemente cuando se le pregunta por los políticos: “Ellos no pueden solucionar nada”. Comparte esa opinión con Michalis: “No voy a votar, a los políticos no les interesa lo que nos pasa a la gente de a pie, no tenemos gobierno, ellos sacan el dinero que tienen a Suiza, con esos fondos se podría salvar Grecia”, comenta airado.

El griego comparte la fila con Abdel Brika, un pintor marroquí que llegó a Grecia hace diez meses: “Habré trabajado un mes en todo el tiempo que llevo aquí y me voy de vuelta en agosto. Me resulta difícil de entender lo que está sucediendo aquí, pero he visto muchos griegos en mala situación”, dice en un complicado inglés.

Fumando un cigarro recostada sobre una pared, la doctora Eleni encuentra un punto de vista positivo para la crisis: “Se está demostrando la solidaridad de muchos griegos. Casi todos los doctores aquí somos voluntarios y la mayoría tenemos otro trabajo. Salimos corriendo para venir a la clínica. Eso te reconforta”.

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