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Bosnia sangra por las viejas heridas

HÉCTOR ESTEPA. Mostar, Bosnia y Herzegovina (El Mundo).

El concurrido bulevar de Mostar, la ciudad del emblemático puente medieval bombardeado durante la Guerra de Bosnia (1992-1995) todavía demuestra, dos décadas después, la reticencia del país a aceptar una multiculturalidad considerada por muchos como impuesta por potencias extranjeras.

Los templos cristianos bosnio croatas aparecen a un lado de esta carretera que divide no sólo la ciudad sino sus corazones. Las mezquitas musulmanas están en la otra acera. Las dos comunidades coexisten pero son ajenas la una a la otra. Mostar es un ejemplo de la falta de entendimiento entre los tres clanes de Bosnia y Herzegovina, musulmanes, serbios y croatas, a 20 años del inicio de la guerra étnica en la ex república yugoslava. Su puente medieval se reconstruyó al final del conflicto, pero muchas heridas siguen sangrando todavía.

Aunque hay diversas opiniones en cuanto a quien fue la primera baja de la guerra, la mayoría de los bosnios reconoce a la estudiante Suada Dilberovic, asesinada durante una manifestación en Sarajevo el 5 de abril de 1992, como la primera víctima.

Días después el conflicto ya se había extendido por todo el país. En 43 meses de guerra, finalizada sin vencedores ni vencidos, murieron unas 100.000 personas –la cifra exacta no se conoce- y la limpieza étnica propició 1,8 millones de refugiados y desplazados.

Estado disfuncional

Dos décadas después muchas de las secuelas materiales han desaparecido. En Mostar y Sarajevo, capitales culturales del país, la mayoría de los edificios han sido reconstruidos. Las heridas emocionales del conflicto son, sin embargo, más difíciles de reparar. También las políticas: el país sigue dividido en dos repúblicas independientes, la bosnio croata Federación Croata Musulmana y la República Serbia de Bosnia o República Srpska.

En la ex república yugoslava coexisten tres religiones -cristianos croatas, ortodoxos serbios y musulmanes- y tres presidentes, uno por cada etnia, en un turno de liderazgo rotativo renovado cada seis meses, supervisado aún por el Alto Representante de Naciones Unidas, desde 2009 el diplomático austríaco Valentin Inzko. Este sistema es defendido por políticos de todas las etnias: a quien más les favorece es a ellos.

La corrupción se ha convertido en un gran problema: “los políticos cobran mucho más que la gente de a pie, es casi imposible acceder a un trabajo público sin enchufe” dice Mustafá Alic un abogado en paro de 31 años que se marchará del país “en cuanto exista la más mínima posibilidad”. Lo mismo piensa la mayoría de jóvenes con buena formación. Mustafá llegó incluso a recurrir a un ministro para entrar a un instituto cultural. No lo consiguió. Su país sufre un paro superior al 40%: “No hay ninguna gran industria, sólo pequeño comercio” añade el abogado sarajevita.

Como él admite, la situación económica bosnia es delicada: un cuarto de los 3,8 millones de habitantes del país vive bajo el umbral de la pobreza. Mientras Croacia entrará en la Unión Europea en 2013 y Serbia es serio aspirante a hacerlo en pocos años, la economía bosnia impide tal posibilidad. También la traumática división étnica política de Bosnia y Herzegovina.

Segregación conflictiva

La limpieza étnica, el asesinato o expulsión del clan minoritario de cada población según el avance de los frentes en la guerra ha propiciado localidades étnicamente puras, visibles, sobre todo, en el campo del país. Una bandera ajedrezada croata o el águila bicéfala del escudo nacional serbio dan una pista de cuál es la etnia mayoritaria en cada comunidad. También los templos religiosos que se atisban en el horizonte.

En las montañas bosnias la reunificación parece lejana a producirse. Los mismos vecinos no creen en esa posibilidad: “No podría vivir con croatas ni musulmanes” asegura Kosta Milivoje, un serbo bosnio que vive en Trebinje, una localidad mayoritariamente serbia.  Aunque algunos, como él, regresaron a sus casas tras el conflicto, la mayoria no lo hizo por miedo a las represalias o a los recuerdos. Incluso las escuelas se dividen étnicamente.

Al norte, en Srebrenica, cerca de la frontera con Serbia, se alzan imponentes las más de 5.000 lápidas que recuerdan el genocidio que se produjo en esta ciudad de mayoría musulmana en julio de 1995, cuando las tropas serbo bosnias de Ratko Mladic decidieron ejecutar a 8.000 musulmanes a sangre fría. Muchos no han sido identificados todavía. Aunque el gobierno serbio hizo ademán de reconocer la masacre mediante la visita del presidente Boris Tadic en 2010, lo cierto es que las heridas parecen lejanas a curarse en esta pequeña localidad de las montañas de la República Srpska.

“A veces aparece algún ciudadano serbio por aquí, pero no hay visitas de colegios ni institutos. Todos deberían visitar este lugar para que algo así no se repita”, reclama Hasan Hasanovic, un musulmán que perdió a su padre y su hermano gemelo durante el genocidio, en la antigua base de las fuerzas holandesas de Naciones Unidas en Srebrenica. Las mismas que no pudieron –o no quisieron, según muchos musulmanes- parar la masacre.

Pocos organismos federales integran a funcionarios de las tres nacionalidades. El más numeroso es el Ejército, creado en 2005, donde se integran croatas, serbios y musulmanes. El pasado miércoles, militares en retiro de todas las etnias se manifestaron en el centro de Sarajevo para reclamar el pago de una pensión estatal no retribuida. Es paradójico que lo que han separado las armas se esté intentando unir por las armas, aunque ahora sean en son de paz.

En Bosnia los campanarios cristianos y ortodoxos y los minaretes musulmanes coexisten con otras figuras que se alzan al cielo: las centenares de miles de lápidas alzadas en los incontables cementerios del país, situados en cada esquina, detrás de cualquier recodo, recuerdo del conflicto que estremeció el continente europeo.

LAS SECUELAS ANÓNIMAS DEL CONFLICTO

“Lo que ocurrió fue una locura” (Musulmán)

Orhan Spahic es un moderno diseñador musulmán de 40 años que vive en la parte musulmana de Mostar. Se define como antifascista y critica la posición de los grupos paramilitares serbo bosnios durante la guerra, aunque se confiesa ultra del Vélez, un equipo de fútbol de la ciudad. También argumenta contra la política norteamericana: ˝Estados Unidos apoyó a los Croatas porque son cristianos“ dice en su estudio, decorado con motivos libertarios de izquierda. “Bosnia no entrará en la UE por el Islam”, añade. Orhan no entiende a los fanáticos religiosos y se confiesa musulmán moderado. Su mujer, eso sí, es mas creyente: ˝yo le digo que no lleve hiyab, pero ella se niega a quitárselo˝. Reniega de la guerra: ˝lo que ocurrió aquí fue una locura que no puede volver a repetirse“. Cerca de su tienda hay una pintada: “Remember (recuerda) 1993”. El año más duro de la guerra en Mostar.

“Los serbios fuimos estigmatizados” (Serbio)

Ziniza Blozevic vive en Ljubinje, una pequeña aldea de mayoría serbia en territorio de la Federación Bosnia. Tiene 81 años y ha vivido toda su vida allí: ˝No fui expulsado como el resto de serbios porque fui neutral, pienso que todos tenemos un mismo Dios, seamos ortodoxos cristianos o musulmanes“. Eso sí, recela todavía de la comunidad internacional: “Nosotros fuimos estigmatizados por los medios de comunicación y la OTAN cuando sólo queríamos defender nuestras casas“. Su aparente neutralidad contrasta con la de su vecino Brankko. Fue francotirador durante la guerra. Uno de los buenos, según dice. Se alistó al ejército serbio de Ratko Mladic cuando fue expulsado de su casa. Ni él ni sus amigos quieren saber nada de otras nacionalidades. Han decorado sus pitilleras con el escudo del águila bicéfala: “Nacimos aquí y no nos marcharemos”, dicen.

“Reconstruí mi casa con mis manos” (croata)

Ravno es una pequeña aldea croata situada al sur del país, cerca de la frontera con Croacia. Por eso la mayoría de sus habitantes son croatas y el escudo ajedrezado luce en la ciudad. Ivan Simunovic, de unos 70 años, planta patatas junto a su mujer, Neda, en una humilde granja. Reniega de la guerra: ˝Destruyó mi casa y la tuve que reconstruir con mis propias manos˝. Como tantos otros, tuvo que marcharse: ˝Los soldados bajaban disparando por las montañas˝. Frunce el ceño cuando habla de la guerra. También su esposa: ˝Causó mucha destrucción, fue horrible˝ asegura. Se les ilumina la cara cuando el periodista revela su nacionalidad: los españoles son muy valorados en toda Bosnia por la humanidad de los soldados desplegados en el conflicto. Cuando el Primer Ministro Bosnio visita el pueblo, pocos salen a su encuentro. En Bosnia importa la política pero, parece, no tanto los políticos.

Comentarios

2 comentarios en “Bosnia sangra por las viejas heridas

  1. Me encanta la perspectiva q le das. Da igual dnd estes q siempre me haces disfrutar cn tus articulos. Gracias por la calidad periodistica

    Publicado por A little bit of a lot | abril 8, 2012, 4:53 pm
  2. yo estuve alli en el 93,y este articulo me parece perfecto y aun mas el comentario de spahic,aquello fue una autentica locura que no deberia de haber pasado y desde luego no deberia de volver a pasar en ningun sitio del planeta,pero por desgracia la realidad es totalmente distinta,buen articulo

    Publicado por juan francisco | enero 18, 2013, 10:05 am

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