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Daniel Ortega, el brazo de Chávez en Centroamérica

HÉCTOR ESTEPA. Managua (Elmundo.esDaniel Ortega ha sido el único candidato presidencial del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en los 32 años posteriores a la Revolución que acabó con el dictador Anastasio Somoza García. Ha ganado dos elecciones y ha perdido tres. El artículo 147 de la Constitución política nicaragüense le impedía concurrir de nuevo a los comicios.

Sin embargo, las reglas no son obstáculo para el hombre fuerte de Hugo Chávez en Centroamérica: una sentencia de la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua, emitida el 19 de octubre de 2009, declaró “inaplicable” ese artículo, que antes prohibía la reelección continua y para aquel que ya había ocupado el puesto por dos periodos, un doble impedimento para Ortega.

La base de este controvertido fallo fue el conflicto entre el artículo 147 y el 48 del mismo texto, que proclama la igualdad entre todos los nicaragüenses. Sin embargo, hay algunas consideraciones no reflejadas en la decisión: en primer lugar, fue tomada por magistrados sandinistas con periodo vencido y suplentes de la misma ideología por incomparecencia de los postulados por la derecha, al no haber sido convocados correctamente.

Además, otro artículo recoge que sólo la Asamblea Nacional puede reformar la Constitución (Ortega intentó esa vía, sin éxito) y también se señala que quien quiera presentarse a cualquier cargo de elección pública y ocupe otro puesto de igual naturaleza deberá dimitir un año antes de presentarse a otro cargo. Pero Ortega no dimitió. La oposición se pregunta con qué legitimidad gobernará de ser elegido. Él asegura que la decisión del pueblo es soberana.

Su candidatura ha mostrado una gran fortaleza en los sondeos previos. La última encuesta de Cid-Gallup le sitúa con un 48% de intención de voto, a 18 puntos de ventaja de su perseguidor, Fabio Gadea. Ortega sólo teme al efecto ‘güegüense’, personaje de la imaginería nicaragüense oculto tras una máscara, la misma que se quitó el pueblo pinolero en 1990, cuando las encuestas le daban mayoría absoluta y terminó eligiendo a Violeta Chamorro.

El revolucionario ha sabido ganarse esa popularidad, gracias por un lado al laborioso trabajo de propaganda orquestado por su esposa, Rosario Murillo, para muchos la verdadera presidenta, pero también por el crecimiento económico disfrutado en el país a pesar de la crisis mundial. Sus seguidores le agradecen también sus numerosos programas de apoyo a la pobreza, considerados partidarios por la oposición.

Negocios del Alba

Gran parte de su gestión se la tiene que agradecer al presidente venezolano Hugo Chávez, el gran mecenas de su gobierno. La llamada ‘Cooperación del Alba’ ha ido ‘in crescendo’ durante su mandato. Por esa vía ingresó 511 millones de dólares en 2010. Este decisivo ingreso le permite cuadrar las cuentas de su gobierno, realizar programas de ayuda a los más necesitados y pagar un extra de 30 dólares a los funcionarios, el archiconocido ‘bono solidario’.

La cooperación se realiza mediante la venta de petróleo venezolano a precio de saldo a Alba de Nicaragua S.A (Albanisa), empresa controlada por la familia presidencial. El negocio no puede ser más redondo: Nicaragua paga a Albanisa el 100% de la factura petrolera, pero Venezuela tan sólo reclama el 50% del monto, quedando la otra mitad en una deuda a 25 años y sin incluir en el presupuesto nacional. Ortega no ha dudado en utilizar este dinero como advertencia: “si no me votan, se va”, se lee entre líneas en sus intervenciones.

Los fondos ingresados por esta vía han propiciado el ascenso de poder de Daniel Ortega en los medios. Ha comprado, inaugurado y puesto en manos de sus hijos un gran número de emisoras de radio y televisión. Los medios independientes que sobreviven denuncian presiones económicas y amenazas del FSLN. Además, el dinero también le ha servido para crear un conglomerado de empresas, destacando las de producción eléctrica.

Otra de sus armas han sido los controvertidos Consejos de Poder Ciudadano, células de organización vecinal denunciadas por la oposición en su condición de “espías de quién es sandinista y quién no”. Estos entes habrían llegado a redactar avales políticos sin los que acceder a un puesto de funcionario se complica. Los sindicatos independientes han criticado que Ortega ha despedido a unos 18.000 trabajadores públicos por no ser sandinistas. También denuncian la partidarización de la educación y la policía a favor del FSLN.

Su gobierno fue muy criticado internacionalmente tras el fraude que la oposición denunció en las municipales de 2008. Varios países retiraron su cooperación. El FSLN acude a estas elecciones bajo las mismas acusaciones: identificación ciudadana partidaria para evitar el voto opositor, observación internacional limitada, control de la justicia, el Consejo Supremo Electoral y la fiscalía o un pacto con Arnoldo Alemán para repartirse cuotas de poder son los argumentos de la oposición para denunciar una dictadura.

Ni siquiera eso afecta la popularidad de Ortega. Tampoco haberse plegado a las exigencias del FMI o la supuesta violación a su hijastra en los 90, aunque más tarde retirara la denuncia. En una sociedad religiosa, tampoco la cristianización de la Revolución.

Tiene el control de la calle y, como advirtió hace dos años en La Habana: “La mayor democracia que hay es la de partido único cubano, porque en ella no se divide al pueblo“.

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