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La muerte del cocodrilo “Pocho” conmueve a Costa Rica

HÉCTOR ESTEPA. Siquirres (Elmundo.es) La amistad no entiende de razas, clases o nacionalidades. Tampoco de especies, como demostraron durante más de dos décadas Chito y su cocodrilo Pocho. La localidad de Siquirres, en la costa caribeña costarricense, era testigo cada domingo de un espectáculo inaudito: los dos amigos se bañaban juntos, jugaban y se abrazaban en un estanque natural.

No tendría nada de especial de no ser porque Pocho medía cuatro metros y pesaba 445 kilos. La fantástica escena no podrá volver a repetirse, al menos en este mundo: Pocho murió en la madrugada del miércoles 12 por causas desconocidas. ELMUNDO.es fue, junto al programa de Univisión ‘Primer Impacto’, el último medio que estuvo con ellos.

Hasta Siquirres han llegado cientos de cartas y llamadas de condolencia. Van dirigidas a un desolado Chito, el ‘compa’ del animal, como le gustaba definirse al cuidador. No hacían falta más que unos minutos de charla para darse cuenta del gran vínculo que les unía: “Teníamos una cierta química. A veces yo me iba una semana y Pocho estaba decaído, pero apenas aparecía y me asomaba entre los árboles, él entraba en acción”, nos confió su amigo en la intimidad de la finca caribeña que él mismo acondicionó para cuidar de Pocho.

Se conocieron hace 20 años, cuando Chito, sobrenombre de Gilberto Shedden, pescador local de profesión, lo encontró moribundo en la orilla del Río Parismina. Un granjero local le habría disparado por intentar atacar a su ganado. Aunque la primera intención del lugareño fue aprovechar la piel del animal, no tardó mucho en cambiar de parecer y decidir salvarle. Fue así como comenzó la historia de esta gran amistad.

Chito le dio un hogar y aseguró su manutención. Preparó un pequeño estanque para Pocho, al lado de su casa. Aunque el cocodrilo nunca dio guerra, no fue hasta años después que el pescador se atrevió a tocarlo. Pronto se hicieron amigos. Chito recuerda especialmente la primera vez que se bañó con él: “Estaba ahí parado, como invitándome a entrar”, confesó. “Entré como un vacilón, sin machete, ni siquiera con un palo, la verdad es que no me dio miedo y no me lo pensé”, aseguró el intrépido pescador.

La popularidad del cocodrilo

Y es que Pocho era un cocodrilo estrella. No sólo no le molestaba actuar junto a Chito, sino que disfrutaba con ello. Le encantaba, sobre todo, que le aplaudieran: “Si pasábamos una semana sin hacer el espectáculo, se ponía inquieto, porque ya se había acostumbrado a la loquera. Era como un futbolista, si le dejas en el banquillo se quería ir a jugar aunque fuera con el rival”, comentó. Dice que la última representación fue grandiosa. El cocodrilo actuó como si se estuviese despidiendo de sus seguidores.

Pocho recompensó las atenciones dispensadas con su lealtad: “Hay una ley de Dios y la naturaleza, válida para todos los seres vivos. Dice que lo que usted da, usted recibe. Pocho me ha dado su cariño a cambio de los cuidados que le ofrecí”, aseguró su amigo. Cree, además, que el cocodrilo fue feliz: “Si no lo hubiera sido, se hubiera ido. La malla que teníamos estaba puesta para los niños, pero si él quería la tiraba abajo. Simplemente estaba a gusto conmigo”, declaró.

El fallecimiento del animal se produjo cuando Chito estaba pensando en retirarse. No por cansancio del cocodrilo (su especie puede llegar al siglo de vida), sino porque quería cerrar su trayectoria con un broche de oro. Había pensado en una celebración especial para los 1000 ‘shows’ junto a Pocho, antes de colgar el taparrabos y crear folletos para las escuelas locales, para demostrar a los niños que el hombre puede convivir en armonía con los animales. Incluso tenía planificado escribir la hazaña del cocodrilo en el libro ‘Guiness’ de los récords.

Interés de biólogos

La amistad de Chito y Pocho había sido un reclamo para un buen número de biólogos que investigan a este tipo de reptiles. La pregunta que se hacían era: ¿Tienen sentimientos los cocodrilos? Desde luego, la lealtad es un concepto que el lagarto había aprendido. De lo contrario, no habría reconocido a Chito cada día.

Otro caso de un animal de su especie que llamó la atención de los científicos tuvo lugar en la vecina Nicaragua durante la pasada primavera.Un cocodrilo maltratado durante años en el estanque de una plaza pública ingresó al zoológico de Managua con un cuadro de aparente depresión que impedía que comiese. Desafortunadamente, murió a los propios días. El biólogo que le atendió, Eduardo Sacasa, comentó su impresión sobre ambos casos: “No creo que los cocodrilos puedan tener sentimientos, pero sin duda estos dos casos son muy singulares”, admitió.

Chito no es de la misma opinión: “Todo lo que tiene vida tiene sentimientos“. Lo sostiene alguien que consiguió amaestrar a un cocodrilo. Ya se lo dijo el zorro al Principito tras haber sido domesticado por él: “no se ve bien sino con el corazón, pues lo esencial es invisible para los ojos”.

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