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Arteterapia: curar a través del arte

HÉCTOR ESTEPA. Mangua (El Nuevo Diario) “El arte es lo que eleva nuestro espíritu a otras esferas, a otras dimensiones”, solía decir Salvador Cardenal. No le faltaba razón al fallecido cantautor. Las distintas disciplinas artísticas han sido uno de los focos más importantes del desarrollo de la humanidad. El arte alimenta el alma, nos ha diferenciado del resto de animales… y ahora también nos cura.

Eso propone el Arteterapia, una disciplina de éxito en varios países anglosajones que ha comenzado a expandirse por todo el mundo y ya ha llegado a Nicaragua.
¿Qué propone este singular tratamiento? Teóricamente se define como una conjunción entre la creatividad humana y la psicología para atender distintas patologías. Se basa en la teoría de que los conflictos e inquietudes de la mente humana pueden ser trabajados mediante la producción artística.

La novedosa especialidad se utiliza con colectivos en riesgo de exclusión, como enfermos mentales, crónicos, niños o mujeres maltratadas, elementos del Sistema Penitenciario, e incluso en organizaciones sociales y ONG.

Es efectiva también para prevenir conflictos y violencia en algunos de estos ambientes. Sin embargo, no es excluyente. Cualquiera puede acercarse a ella y probar sus propiedades curativas. No requiere, además, ningún conocimiento técnico previo.

Formas que brindan salud
Aunque la historia del Arteterapia es reciente, tuvo sus orígenes en los tratamientos de Freud. El famoso científico ya consideraba que la psicología busca “hacer visible lo invisible”. Precisamente una de las posibilidades de cualquier disciplina artística. Sin embargo, no fue hasta los años 60 del siglo pasado cuando comenzaron a enunciarse las bases científicas del Arteterapia, aunque de manera difusa. El espaldarazo definitivo a los ‘psicólogos’ del arte se dio durante las últimas dos décadas.

Esta expansión propició la llegada de la disciplina a España, donde ha alcanzado categoría universitaria, en rango de posgrado. Una de las primeras egresadas de la maestría, Paula Hernández ha trabajado durante dos meses la especialidad en Nicaragua, concretamente en la escuela Cristal, de Estelí.

A pesar del escaso tiempo del que ha dispuesto, aseguró estar satisfecha con los resultados conseguidos: “Ha sido increíble el poder de concentración alcanzado”, afirmó.

Su labor consistió en ejercitar la creatividad de los pequeños, tratando de conseguir fines terapéuticos como el desarrollo de la autoestima, la identidad, el gusto y disfrute por la creación artística, la ecología o el respeto a la cohesión grupal.

Estos objetivos se consiguen mediante la inmersión en los diversos tipos de arte: “Los niños realizaron un gran mandala (pintura tibetana) en el patio de la escuela, hicimos ejercicios de autorretrato para mejorar la autoestima, pintamos con las manos y elementos naturales, hicimos cortos de animación con la técnica de “Stop Motion”, dibujamos diálogos, dimos formas a garabatos y trabajamos el significado de los colores, todo ello desde el punto de vista de propiciar la inclusión social de los pequeños”, sostuvo.

Como no se excluye ninguna disciplina, tampoco podía faltar la música. Y no faltó. La profesora preparó un taller sobre el Dúo Guardabarranco para que los niños se identificasen en su entorno a partir de las notas y canciones del desaparecido grupo. Incluso consiguió que Katia Cardenal visitase la escuela, abarrotada para la ocasión de dibujos sobre los significados de sus canciones.  “Me voy contenta viendo como los niños han despertado su interés por el arte y la creación”, aseguró la profesora.

Aunque el Arteterapia se define como un tratamiento, los ‘psicólogos’ del pincel se resisten a calificar a las personas objetivo de su trabajo como ‘pacientes’. Tampoco como ‘alumnos’. Prefieren referirse a ‘usuarios’ o ‘participantes’. “No debemos olvidar que tendemos hacia un fin terapéutico y no sería congruente comenzar por etiquetar a las personas con las que queremos trabajar. Estaríamos evitando el crecimiento personal”, subrayó Hernández.

Sus estudiosos describen la disciplina como un espejo. Cada persona debe marcar en él su propio proceso, ha de sentirse seguro y cómodo en el espacio de creación y percibir algún tipo de sentido en lo que está creando en las sesiones. Los resultados varían según el caso, las necesidades y ritmo de desarrollo de cada persona.

El tratamiento es considerado como positivo y beneficioso para todas y cada una de las personas del planeta: “Si hablamos de necesidad, por supuesto que haría falta aquí en Nicaragua en tanto que se trata de una práctica de inclusión social; no podemos olvidar que hablamos de un lugar con grandes problemas económicos y eso comporta necesidades y carencias en todos los sentidos, empezando por el educativo”, abundó.

Fue el escritor Herbert Hubbard, quien describió el arte no como una cosa, sino como un camino. Uno con muchos senderos secundarios, muchos aún por descubrir. Gracias a esta nueva disciplina ahora sabemos que el arte, además de amansar a las bestias, cura a los hombres.

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