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El drama de la educación en Nicaragua

HÉCTOR ESTEPA. Managua (Elmundo.es) Esta semana vuelven a clase alrededor de 1.300.000 niños en Nicaragua. No estarán todos. Cerca de 500.000 quedarán fuera del sistema educativo, según datos que manejan asociaciones especializadas en el sector y el mismo Mined. Preveían matricular a 1.8 millones –cifra que también dista de ser la universal- pero finalmente no se superarán los datos del año anterior.

La baja inscripción es sólo la punta del iceberg en una educación que presenta grandes desequilibrios y adolece problemas de presupuesto, infraestructuras y políticas.

El presupuesto es el mayor quebradero de cabeza: los fondos escasean, repercutiendo en el deficiente funcionamiento pedagógico. Según María Elena Altamirano, del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), el reto es alcanzar una inversión del 7% del PIB, compromiso que el país ha adquirido internacionalmente. Sin embargo, en estos momentos ni siquiera se supera el 3,8%, en una curva que no ha dejado de descender en los últimos años.

Como es lógico, la reducción presupuestaria se manifiesta negativamente en la infraestructura educativa: los maestros no trabajan en las condiciones idóneas para desempeñar su labor y muchas escuelas adolecen de falta de libros de texto e incluso de pupitres –los últimos cálculos indican que hay una necesidad de 35.000 mesas de estudio-.

Una muestra de lo caduco de algunas instalaciones: el año pasado, el techo del Camilo Zapata de Managua se desplomó y a punto estuvo de caer encima de los alumnos que asistían a clase. Asimismo, muchos centros no disponen de agua potable, energía eléctrica o servicios sanitarios.

“Nicaragua es el país de la zona que menos invierte en educación, con un promedio anual de 18 dólares por alumno en el nivel preescolar, 198 en primaria y 82 en secundaria, mientras que otros países como México y Costa Rica invierten un promedio de 240 dólares por estudiante al año”, denuncia Altamirano.

Sistema con muchos desequilibrios

Otro de los grandes problemas es la brecha existente entre la enseñanza pública y la privada: el nivel adquisitivo es decisivo para la educación en Nicaragua. En los centros estatales muchas aulas superan los 60 alumnos, mientras que los privados suelen acoger a la mitad, aumentando decisivamente su calidad educativa. Asimismo, las metodologías difieren, aunque ambas se adecuen a las directrices gubernamentales.

Esta diferencia se demuestra en las pruebas de acceso a las universidades: los alumnos de las escuelas públicas demuestran tener muchos problemas, sobre todo en materias como matemáticas.

Además, se cuenta con el obstáculo del continuo cambio de políticas en materia educativa. Los gobiernos de turno imponen reformas al sistema e instauran nuevos planes que desvirtúan el trabajo pedagógico.

No se mejoran ni se siguen implementando los que ya existían, sino que se sustituyen de un plumazo.

Recientemente el gobierno de Daniel Ortega ha introducido la nueva estrategia ‘Batalla por el Sexto Grado’, dinamitando un plan decenal que hubiese comenzado este año y que ellos mismos elaboraron: “sólo se puede avanzar con políticas de Estado, y no con políticas de gobiernos”, asegura Altamirano.

Muchos no terminan sus estudios

Además de los niños que quedan fuera del sistema educativo, 500.000 según las estimaciones, provenientes sobre todo de ámbitos rurales, muchos de los que sí se matriculan no llegan a culminar sus estudios: “Los padres son tan pobres que pasan la vida en busca de sustento básico, y ocupan a la prole para ayudar a buscarlo”, asegura Aurora Guardián de Lacayo, fundadora del Foro Eduquemos, una asociación civil por la educación nicaragüense. “Todavía salen de las escuelas miles de analfabetos funcionales”, manifiesta.

“Nicaragua cuenta con los niveles más bajos de permanencia, sólo el 43,8% de los niños que ingresa en primer grado consigue llegar al sexto, de cada 100 niños en edad escolar, 20 no están en la escuela”, lamenta también Altamirano, representante del Cenidh.

En el área rural la situación es más dramática si cabe: sólo el 2% de los jóvenes logra culminar la educación secundaria. Los profesores están desbordados: muchos imparten, en una misma aula y al mismo tiempo, clases de primer a cuarto grado.

Además, su preparación no es la ideal: de los 47.000 maestros del Mined, el 29,47% son ‘empíricos’, es decir, no han sido correctamente formados, necesitándose una inversión en fondos de capacitación. También influyen los bajos salarios: “Un profesor de la escuela pública puede gastar menos que una empleada del hogar de Managua”, asegura Aurora Guardián.

Entre las medidas efectivas que propone para aumentar el éxito pedagógico en medios rurales, la más importante es “garantizar el alimento escolar”. Siempre ha habido distintas políticas para apoyarlo, pero necesitan refuerzo.

El Gobierno está haciendo una ofensiva para cumplir los Objetivos del Milenio de la ONU implementando la ‘Batalla por el Sexto Grado’, pero no con una calidad aceptable, denuncian las asociaciones consultadas, que reclaman que se inviertan más recursos en la pedagogía: “la educación es el eje fundamental del desarrollo de cualquier país. Un pueblo que no ha sido educado no puede ver más allá de sus narices”, denuncia Altamirano.

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